miércoles, 23 de marzo de 2022

De los errores se aprende.

 

El titulo no puede ser más adecuado, y es que esta vez si aprendí de un error anterior, y éste fue mencionado en el post “Campamentos”, cometí una infidencia de la cual me arrepentí después, y pasados algunos años me sucedió una situación similar.

Y ésta historia comienza con ron “Pampero” y casi termina con una amistad. Resulta que un muy buen amigo mío, colega de la universidad, quien trabajaba en provincia vino a visitarme a casa de mi suegra donde yo vivía entonces y obviamente hubo algo de bebidas espirituosas. Mi cuñada nos acompañaba y junto con mi esposa no dedicamos a beber el ron en cuestión (asqueroso por supuesto, pero eran épocas de vacas flacas, y mi presupuesto ya no alcanzaba para los Johnny Walker etiqueta azul). Después de unos tragos mi esposa se retiró a nuestro aposento, y luego, ya algo picado me retiré yo también y los dejé solos en la sala.

Debo aclarar que no fue un descuido de mi parte dejar sola a mi indefensa cuñada, ya que mi pata tenía la fama de nerd, con evidentes limitaciones en el arte de la seducción, y ella no sé quedaba atrás. Recuerdo que unos meses antes, ella me preguntó que significaba la palabra “arrecha”. Con el propósito de ser explicito le dije que cuando se encuentre con sus amigos les dijera “que estaba arrecha” y que seguramente lo averiguaría de primera mano. Lo que nunca imaginé es que siguió mi consejo a la letra. La siguiente vez que la vi me dijo que era un imbécil, y más adjetivos que no pueden ser mencionados y de lo que si estoy seguro es que nunca olvidará el significado de esa palabra.

Creo que ya se están imaginando que pasó, ya que el factor alcohol no lo había tenido en cuenta. Al despertar a la mañana siguiente fui a buscar a mi pata a la sala, donde dormía cuando se quedaba hasta muy tarde y no lo encontré. Inicialmente pensé que se había ido temprano, pero al encontrar sus zapatos supe que estaba cerca, lo busque en el baño, la cocina, el dormitorio de mi cuñado, hasta en el dormitorio de mi suegra (llegué a pensar en esa posibilidad), y por último, el lugar menos probable, el dormitorio de mi cuñada, y allí escuché sus ronquidos.

Lo primero que hice fue despertarlos, ya que mi suegra sé despertaría pronto y hubiera sido una situación muy embarazosa. Después de un buen rato, mi pata salió, estaba avergonzado, creía que le iba a recriminar, pero eran adultos y sabían lo que hacían (creo). Luego de ese encontronazo, ellos comenzaron una relación.

Creo que un par de meses después, el ex de mi cuñada, al enterarse que ella tenía otra relación, decidió aparecerse, y como mi amigo trabajaba fuera, no estaba cerca para proteger sus intereses. Ella regresó con el ex.

La siguiente vez que mi amigo regresó a Lima, la buscó y mi cuñada decidió seguir su relación con él. Yo, como defensor de los principios de la moral y las buenas costumbres, decidí intervenir, le dije que no le hiciera eso a mi amigo, dándole un ultimátum, la siguiente vez que lo vea, debía terminar con él. Y así lo hizo.

Algunas semanas después, mi cuñada ya formalmente con el ex, que ahora era el actual, estaban en el auto de él, y como yo lo conocía también, estábamos los cuatro, con mi esposa conversando dentro del vehículo, cuando llegó mi amigo y nos vio, su enojo fue mayor al verme con ellos.

Al mes siguiente viajé donde él se encontraba, y lo busqué, al inicio se mostró esquivo, pero llegué con un ron para bajar las tensiones, le conté de mi intervención, y que ella al final terminó para no hacerle más daño. Al final lo comprendió. Ahora somos todos amigos nuevamente.

Conciertos

 

Si han leído algunos posts anteriores supondrán que me gustan los conciertos. Ahora se supone que debería decir que se equivocan, pero esta vez no. Creo que estos eventos son los únicos con aglomeraciones masivas de público que tolero. Considerando además que la mayoría de veces prefiero disfrutar la música en soledad, los conciertos son excepciones que bien vale la pena el esfuerzo. Menciono lo del esfuerzo porque muchas veces existen los inconvenientes de caminar varias cuadras para llegar al local, dejar el carro lejos, soportar que un zambo te manosee en la puerta, comprender que eres chato y los de adelante no te dejen ver, y pagar por lo general precios elevados.

La euforia que uno puede sentir cuando sale al escenario tu grupo o cantante favorito no tiene descripción. Aunque esto solo puedo imaginarlo ya que mi grupo favorito nunca ha venido por estos lares, pero ver a un grupo que te gusta y que toque alguna canción esperada es lo mejor que te puede pasar. Creo, por lo menos me pasa a mí, me libero en un concierto, estoy rodeado de gente con la misma afinidad (o parecida) y dependiendo del manejo del escenario del grupo o cantante, la masa se vuelve una.

Antes pensaba que solo se necesitaba que el grupo subiera al escenario y tocara sus canciones para ser un buen concierto. Reconozco que musicalmente puede ser una buena performance, pero ahora comprendo la necesidad de realizar un espectáculo, que es al final lo que el público viene a ver. A veces no me reconozco al escribir eso último, ya que voy a un concierto a deleitar a mis oídos, no a mis ojos, pero también creo que un buen show sobre el escenario es vital para la  disfrutar un poco más tus canciones favoritas.

Puedo citar algunos ejemplos: en el concierto de Deep Purple en el Estadio Nacional se habilitó solo la tribuna sur, el escenario estaba pegado a la tribuna lo que creó una concha acústica y el audio era espectacular. Disfrutaba tranquilamente el concierto cuando decidieron tocar “Perfect stranger” uno de sus temas poco conocido que no esperaba escuchar, pero quizás el que más me gusta. Al ejecutarlo, en un solo de guitarra hicieron un juego de luces, solo para este tema. Si puedo buscar armonía entre sonido y luces, creo que es ésta. Me gusta ahora esta canción más que antes del concierto.

En la presentación de Paul Mc Cartney, interpretaron  “To live and let die”, la verdad un tema que poco me apasiona,  o apasionaba. Realizaron un espectáculo de fuegos pirotécnicos impresionantes durante su ejecución que resultó en un momento telúrico. Ahora me parece indispensable este tema. Este concierto fue memorable, recuerdo haber hablado muchas veces que una de mis grandes fantasías era ver a un Beatle en vivo, imaginaba muchas veces lo que sentiría al escuchar “Hey Jude”  y pasó exactamente lo que imaginaba: cuando entonaba la parte “…take a sad song and make better, better, better…..ohhhh” fue un momento orgásmico y sentí, no sin asombro que una lágrima corría por mis mejillas. Creo que soy humano al fin.

He asistido a muchos conciertos, no todos los que me hubiera gustado pero creo que a los más importantes. Llevé a mi hija de entonces catorce años a ver a Los Violadores, y de teloneros a Leuzemia y Cadena Perpetua, concierto con pogo incluido. Para los limitados que no saben que es el pogo se los explicaré: es una expresión que consiste en saltar y chocarse en grupo unos contra otros al ritmo de la música en un concierto, muy relacionado a la música punk. Se supone que sirve para liberar frustraciones, estrés, o tensiones violentas. Pero esto con mi hija presente obviamente no lo hice, aunque si en un concierto anterior de este grupo, allí si me metí al pogo y debo reconocer que si es un acto liberador.

Y bueno, solo espero que vengan AC DC, U2, Electric Light Orchestra, la reunión de Led Zeppelin y otras grandes bandas.

Disculpen el retraso, espero volver pronto.

Caminatas por los cerros.

 

Siempre nos gustó, a  mis amigos y a mí, alejarnos de la civilización y buscar nuevos lugares. A veces recorríamos el lecho del rio Chillón, río arriba hasta Trapiche y río abajo hasta el Callao. Pero siempre éramos observados por los inexpugnables cerros, por lo menos eso parecían, hasta que decidimos conquistarlos.

Donde terminaba la “civilización” estaban los asentamientos humanos, lugares muy pobres y algo peligrosos por donde pasábamos despreocupados. Recuerdo que la primera vez que intentamos llegar a la cima no lo logramos, se nos hizo tarde, Estudiábamos en el colegio en la mañana, almorzábamos, hacíamos rápidamente la tarea y salíamos a explorar. Creo que recién a la tercera vez lo logramos, solo para darnos cuenta que detrás de esos cerros de casi ochocientos metros solo había más cerros.  Encontramos restos de caracoles y vegetación seca en la parte más alta, y creímos erróneamente que esa parte alguna vez fue el fondo marino. Años después comprendimos que solo era parte de la vegetación y fauna que se forma en las lomas, ya estos cerros aún forman parte de las lomas costeras del país.

En el post “Wantoo” hubo un comentario que se refiere a uno de los hechos que narro a continuación: en la ladera de uno de estos cerros alguna vez sé colocó una cruz, pero de la que solo quedaba el pedestal de concreto, mi amigo Wantoo se subió en el,  sé bajo el pantalón y todo lo demás, y agitando sus genitales empezó a gritar para llamar la atención de los pobladores de esos asentamientos. No crean que fue una muestra de algún estado de perturbación sexual de Wantoo, teníamos nueve años, aunque pensándolo bien….

Una de esas tantas veces que subimos a los cerros regresé a mi casa más tarde de la hora que tenía permitido salir, y fui castigado. Me hicieron prometer que no saldría más con “esos amigos míos”, pero como sabrán, no pude cumplir esa promesa.

Creo que la última vez que subí fue cuando ya estaba en la Universidad. Uno de mis amigos estudiaba Biología en la misma universidad que yo, y me pidió que lo acompañara, y regresábamos después de muchos años. Él quería recoger muestras de esos caracoles para una investigación de Zonas Áridas. Caminábamos cómo siempre, atravesando los asentamientos humanos, cuando alguien gritó “¡¡Choros!!”, entonces los pobladores empezaron a salir de sus casas con palos y al vernos corrieron hacia nosotros. Mi primera  reacción fue tratar de explicarles que éramos estudiantes universitarios y solo queríamos unas muestras, pero cuando me volví a para ver a mi pata, este ya estaba como a una cuadra corriendo como animal, y no me quedó otra que seguirlo. Estuvieron a punto de alcanzarnos y no sé qué nos hubiera pasado si lo lograban.

Aún quiero regresar, ahora viendo el Google Earth puedo ver qué hay detrás de esos cerros. A ver si animo a mis amigos, no sé si el cuerpo grasoso que tenemos ahora nos permita una subida así, pero quisiera volver a ese pedestal de cruz para dejar un recuerdo a nuestro inolvidable amigo Wantoo.

Aún vivo

 

Éste es un relato que me ocurrió hace años, en mis días de camionero por el norte chico. Los que dicen conocerme se preguntarán: pero éste pata ¿cuándo fue camionero? Bueno, no exactamente, cuando trabajaba en una Reserva Nacional al norte de Lima se necesitaba regar los árboles que habían sido reforestados, y la única forma era hacerlo con un camión cisterna.

Este camión era un Dodge D-500 de antigüedad incalculable para mí y mi historia con este armatoste fue mala desde el comienzo. Todo empezó en mi primer día en esta Reserva y durante la primera entrevista que tuve con mi jefe me preguntó si tenía brevete y si antes había manejado un camión, y mis respuestas fueron si a la primera y no a la segunda, aunque mi licencia solo me permitía conducir vehículos menores. Mi jefe no contento con saber que estaba incapacitado para conducir un  vehículo pesado, me llevó hasta el camión en mención, me ordenó subir al volante a lo que obedecí mis mayor protesta ya que pensé que solo me enseñaría a encenderlo, la posición de los cambios o algún truco que seguramente tendría un camión tan viejo como este.

El camión estaba estacionado en la parte baja de le Reserva, para salir de allí existe un camino sinuoso que sube por el cerro al borde de un abismo, y mi jefe me ordeno arrancar y salir hasta la parte alta. Le dije lo más respetuosamente que pude, que ese camino era muy angosto, que tenía muchas curvas y nunca había manejado un vehículo así, pero no le importó, me dijo que si tenía brevete podía manejar cualquier cosa, que todos los carros son iguales, y para darme más confianza, llamó a otro guardaparque y lo subió a la cabina junto a él. El pata estaba palteado, ya que escuchó toda nuestra conversación, le rogó bajar del camión pero lo sentó junto a mí y el jefe en la puerta, fumando tranquilamente su cigarro. Salí nervioso de allí enrumbando a la subida por el estrecho y zigzagueante camino, pero mis cálculos en las curvas no me fallaron y llegamos a la cima sin novedad. Desde entonces manejaba el camión diez kilómetros fuera de la Reserva hasta una hacienda de espárragos que tenía un pozo y allí llenábamos agua para el riego de los árboles que se había reforestado. El motivo era loable por lo que acepté el encargo.

Una de tantas veces que manejaba el camión por la Panamericana Norte me detuvo una patrulla policial, y obviamente fui. Les metí un floro sobre la protección del ambiente, la importancia de la reforestación, pero no les importó mi discurso conservacionista,  y solo querían un sencillo para calmarse, así que no me quedó otra que sobornar (por primera vez) a un policía (ya con mi auto se repetirían una cuantas veces más).

Pero lo más trágico que me pasó con este camión fue lo siguiente: un técnico llegó para reparar los cambios, y nos dijo que volvería la siguiente semana para reparar los frenos, ya que el aire se perdía, pero se podía usar con cuidado. Se había programado regar los plantones de la parte alta de la reserva, así que fuimos todos, se regaron las plantas y luego seguiríamos bajando al lado del inclinado camino, pero al arrancar noté que el freno no respondía. Ya estábamos en la pendiente, intente poner los cambios en segunda para bajar la velocidad pero como estaba recién reparado, no enganchaba, o sería por mi nerviosismo que no entró el cambio y mientras lo intentaba, pisaba el embrague y el camión, con toda su carga de agua bajaba en neutro ganando cada vez más velocidad. Mis compañeros que estaban conmigo en la cabina se lanzaron por la puerta y me dijeron que saltara también. Al ver por el espejo retrovisor veía a mis amigos correr detrás, llamándome, pero sabía que el camión era muy importante y habría que hacer algo. Vi con horror que el camino terminaba en un cruce en T, a la derecha en subida rumbo a la salida de la Reserva, y a la izquierda la bajada hacia la casa de los guardaparques. La curva en ese cruce era muy cerrada para girar a esa velocidad, así que solo me quedo salirme a la derecha del camino y esquivar los árboles, hasta que vi una zanja de un metro de ancho con un cerco de madera. Pensé que el camión se estrellaría contra  la zanja, por lo que decidí acelerar para pasar “volando”. Recuerdo como mi vida entera pasó por esos noventa segundos que creo duró la bajada, hasta que logré saltar la zanja. Salí por un camino en subida, por lo que el camión se detuvo lentamente.

Aunque suene extraño, no tuve miedo en ese instante crucial, mas pensaba en no destruir el camión. Mis patas al alcanzarme me sacaron en hombros y hasta ahora recuerdan esta anécdota.

Al regresar a casa, lo primero que hice fue adquirir un seguro de vida, ya tenía una hija y comprendí que la vida era muy frágil. Luego seguí manejando el camión con normalidad (después de reparar los frenos por supuesto) hasta que dejé la Reserva, que ya por entonces era  mi segundo hogar.

viernes, 1 de octubre de 2021

Wantoo

 


 

Hasta el momento no me he referido a ninguna persona por su nombre, aunque esto dificulte la redacción, y por lo tanto la comprensión. Pero ahora no puedo evitar mencionar a alguien, aunque no por su nombre, pero si como familiarmente lo llamábamos: Wantoo.

No todos los que lo conocieron lo llamaban así, y digo conocieron porque él nos dejo algún tiempo atrás. Es un poco doloroso recordar que no lo veré más, pero tengo la satisfacción de saber que es una de las personas más ocurrentes que conozco. En mi mente aún está en presente.

Lo conocí cómo a todo mi grupo en primaria, y fue de los cuatro originales. Él siempre fue el más creativo. Escribía cuentos, canciones, poemas, criticas de cine y de música. Cuando quería presentarnos alguna nueva producción suya, nos llamaba para una “velada artística”. Recuerdo gratamente un cuento suyo, creo que fue el primero, titulado “El paquete azul”, sus canciones “No me hagas sentir tan mal” y “Nacido sudamericano”, las recuerdo porque las tocamos.

Mucho de lo que se de cine se lo debo a él. Al final de una película me podía dar detalles que yo no había percibido. Más de una vez acertó con las ganadoras del Oscar, o los Grammy. Le apasionaba hablar de estos temas. Aunque no compartíamos los mismos géneros musicales, siempre respeté sus críticas sobre lo que me gustaba.

Su vida podía sonar muy bien, pero no lo era. No pudo estudiar después del colegio. Su madre murió cuando estábamos en tercero de secundaria, y su padre, con quien no vivía, falleció poco tiempo después. Vivió solo con su hermano mayor. Se vio obligado a trabajar e hizo de todo,  incluso trabajó en la morgue de un hospital. Creo que estas cosas formaron su carácter.

De niño tenía una forma muy particular de correr, y por eso lo molestábamos. Ahora que lo recuerdo, fuimos muy crueles con él. Ya más grandes, ya no solo era su forma de correr, sino otros hechos los que nos hacían dudar de su opción sexual, pero a pesar de la confianza que le teníamos, nunca se lo preguntamos directamente, solo nuestros comentarios agriamente homofóbicos. Nunca le dimos la confianza para que nos pudiera confesar lo que sentía. Esa es una de las cosas que más me arrepiento en esta vida.

Años después, varios nos mudamos a otros barrios, y lo veíamos muy poco. En sus cumpleaños siempre nos decía que hacía una reunión para nosotros, y otra para sus otros amigos. Nunca pensé nada malo de eso, supuse que hablaba de sus patas del trabajo.

La última vez que lo vi fue en mi casa. Llegué del trabajo y lo encontré allí, hablando de sus proyectos futuros, lo vi bien, optimista, le presenté a mi hijo recién nacido, y hablamos un rato. Unas semanas después, nos reunimos los otros y como era obvio, faltaba uno, entonces fuimos a buscarlo a su casa. No había nadie, así que dejamos una nota bajo su puerta. Dos días después, un primo suyo nos llamó para decirnos que había muerto.

Nos reencontramos en el velorio. Fue una sensación muy extraña, como haber perdido un brazo. No quise verlo en su ataúd, él era la persona más viva que conocí, y definitivamente no era el objeto inerte que reposaba dentro de esa caja, así que me llevaré el recuerdo de su vida, no de su muerte.

Esa noche al regresar abrumado a mi casa, me acosté pensando en la fragilidad de la vida, en lo que el  mundo había perdido, y me quedé dormido y tuve el sueño más real que hasta ahora he tenido. Llegaba a mi casa volviendo del velorio, y al abrir la puerta lo vi en mi sala cargando a mi hijo, el bebé reía y él también, y le dije sorprendido “¡pero vengo de tu velorio, cómo es posible!”, y él me dijo: no estoy muerto, estoy bien, no te preocupes por mí. Aún en mi sueño corrí al teléfono para llamar a los demás. Al despertar tuve que analizar muy bien para separar mi sueño de la realidad.

En el entierro comprendí muchas cosas, creo que los únicos heterosexuales que fuimos éramos nosotros y su hermano. Lo comprendí muy tarde.

Algunos meses después nos reunimos en mi casa, después de unos tragos fue inevitable no recordarlo. Creo que el sentimiento de culpa nos abrumo simultáneamente. Nos abrazamos y las lágrimas brotaron. No lloro fácilmente, pero Wantoo merecía mi llanto como ahora merece mi sonrisa.

Ya nos veremos Wantoo, espero que desde donde estas puedas criticar este blog.

miércoles, 25 de abril de 2018

Armas




Las armas, y me refiero a las de fuego siempre me parecieron interesantes. Son instrumentos eficaces que pueden cambiar la situación en un microsegundo. Puedes inhabilitar a un agresor de manera rápida. Nos hace sentir poderosos, podemos quitarle la vida a alguien con solo mover un dedo, es el poder de Dios. Los defensores de las armas podrán justificar este argumento. Recuerdo haber leído sobre la matanza en Virginia Tech University el año 2007, una de tantas masacres en Estados Unidos en la que un estudiante aparentemente desquiciado asesinó a treinta y dos personas, hirió a veintinueve, suicidándose luego. Según los paladines de las armas, si alguno de los estudiantes hubiera tenido un arma, habrían eliminado al atacante y no lamentaríamos tantas muertes. Se mantiene el circulo vicioso.
Otro caso similar, la ocurrida en la escuela Columbine, Colorado, en 1999, que fue dado a conocer por el excelente documental “Bowling for Columbine”. Dos alumnos dispararon contra doce compañeros, un profesor, hiriendo a otros 24 estudiantes, suicidándose luego. Las armas que usaron se adquirieron legalmente.

Creo que no todas las personas estén listas para tener un arma. Les contaré un hecho que le sucedió a una persona que trabajó conmigo, aunque no era amigo mío, si me conmovió lo que le sucedió: él era (y espero que ya no lo sea) una persona de carácter explosivo, se alteraba fácilmente. Una mala combinación con la posesión de un arma.
Resulta que esta persona tenía problemas con el estacionamiento de los vehículos del negocio de un vecino suyo, siempre aparcaban frente su casa, impidiendo estacionar el suyo. Un nefasto día, fue a increpar al vecino que mueva su vehículo, pero ante su negativa, fueron a los gritos y luego a los golpes. Este incidente ocurrió frente a la esposa e hijos de ésta persona, y fue vencido por el vecino, mas fornido que él. Humillado frente a su familia y vecinos, solo atinó a entrar a su casa y sacar su pistola, amenazando al vecino. El vecino no se asustó mientras le gritaba que no se atrevería a dispararle, y que él también tenía un arma y si tenía el valor de usarla. Mientras el vecino le dio la espalda, dirigiéndose a su casa donde se supone, sacaría su arma, esta persona le disparó, matándolo. Arruinó su vida, la de su familia y la familia del vecino porque no pudo controlar su ira, y además, tenía un arma.
 
Sobre la tenencia de armas, me parecen interesantes, pero como instrumento deportivo, ni siquiera de caza, para tiro al blanco. Solo he utilizado armas de aire comprimido para este propósito, pero con un arma de fuego puedes intentar blancos más lejanos y probar aún más tu destreza, solo para eso. Tener un arma con otros propósitos ya es muy diferente. Como dijo el tío de Peter Parker (El Hombre Araña): “Un gran poder implica una gran responsabilidad” y creo no estar preparado para esa responsabilidad, aunque creí estarlo.

viernes, 19 de mayo de 2017

Cometa Halley

No se si ustedes vivieron la última visita del cometa Halley en 1986. Como el Perú era uno de los mejores lugares para observarlo, se creó una gran expectativa por este acontecimiento. Tampoco faltaron los pesimistas que vaticinaron el fin del mundo con el inminente impacto del cometa ya que iba a pasar muy cerca, pero como ya saben, nada malo pasó.
Por aquellos días parecía conformarme con verlo desde el techo de mi casa, o por televisión, ya que no tenía planes para salir de Lima en busca del fenómeno celeste.
El día que debía pasar el cometa fue otro día cualquiera, hasta que a medio día uno de mis patas de mi grupo original me buscó y me propuso ir de campamento a algún lado, yo propuse Santa Rosa de Quives.  Con las mismas buscamos a otro miembro del grupo, y éste tenía la visita de un pata de su Universidad, quien se quiso acoplar, así que nos dispusimos a organizar el viaje. Aunque ya no teníamos tiempo, en solo un par de horas alistamos nuestras cosas, la comida y lo más importante, el trago. Salimos de Lima a las 4 de la tarde, en un viaje un tanto accidentado, muchas personas viajaban, así que el bus iba lleno y por lo tanto viajamos parados, bueno, sentados sobre nuestras mochilas.
De los cuatro que viajamos, solo yo conocía nuestro destino. Había viajado de niño y recordaba claramente que el bus que nos llevó ingreso al pueblo. Lo que no sabía era que existía otra carretera que no ingresaba al pueblo, pasaba por abajo, así que yo confiado en ver la “Casa de Santa Rosa” les iba diciendo a mis amigos que aún faltaba para llegar. Cuando ya empecé a sospechar que nos habíamos pasado, le pregunté a uno de los pasajeros quien muy alegremente me dijo que ya habíamos pasado Santa Rosa ”hace rato”, entonces avanzamos hacia la puerta y le dijimos al chofer para bajar. El bus se detuvo en un pueblo llamado Yaso, en medio de su plaza al momento en que allí se realizaba un partido de fútbol. El chofer no tuvo mejor idea que dejarnos en “medio de la cancha”, bajamos y el bus se fue raudamente. Los cuatro nos quedamos parados viendo alrededor como habíamos detenido el partido y los jugadores y tribuna nos miraban con odio. Lentamente nos alejamos y los pobladores no decían nada, solo nos seguían mirando con odio, parecía como si solo esperaban a que alguien diera la orden de atacarnos.
Salimos del pueblo y un grupo nos seguía, creo que para asegurarse que nos íbamos. En ese momento oscureció, y tuvimos que decidir qué hacer.  De nuestro grupo, dos no habían llevado nada de comer, porque esperaban comprar algo, y como a Yaso no volvíamos más, entonces empezamos a caminar hacia Santa Rosa. Nos dimos cuenta que nadie había llevado linterna, así que caminamos “a tientas” por más de dos horas. Fue algo tenebroso ya que aún teníamos la sensación que nos estaba siguiendo, porque se escuchaban pasos lejanos, murmullos en una carretera totalmente vacía y la oscuridad ayudaba a nuestros temores. Empezamos a ver la luz de nuestro destino y nos dimos cuenta que parecía una feria, lleno de carpas y gente, así que comimos algo y nos dispusimos a esperar el paso del cometa, y para amenizar la espera salieron a relucir las botellas de ron que habíamos llevado.
Recuerdo que el cometa debía pasar cómo a las 2 de la mañana, pero el efecto del trago llegó primero. Cansados de la caminata y el sopor del licor nos quedamos dormidos no sé a qué hora, pero cuando despertamos era de día y el cometa ya había pasado. Le preguntamos a los campamentos vecinos y nos dijeron que fue bacán, que lo máximo, etc. y nosotros absortos, arrepentidos por la oportunidad perdida, jurando no tomar nunca más.

Regresamos a casa cabizbajos, con la optimista creencia que veríamos el cometa la siguiente vez que regresara, el 2061.